miércoles, 12 de marzo de 2008

AMAR A UN SER HUMANO (Humberto maturana)

http://kuatro.wordpress.com/2006/11/08/amar-a-un-ser-humano-humberto-maturana/

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas, contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive, son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni en si mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.

Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por si mismo, a su manera, apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tu desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.

Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables, permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tu mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, “este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto…si tú quieres recibirlo”.

Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando de si mismo duda, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquello que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada “ser humano”, de la cual tu formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

HUMBERTO MATURANA
http://www.ecovisiones.cl/metavisiones/Pensadores/MaturanaBio.htm

Conversaciones sobre biología sistémica Entrevista a Humberto Maturana
http://www.redsistemica.com.ar/maturana.htm

Las Contribuciones de Humberto Maturana a las Ciencias de la Complejidad y la Psicología
http://www.inteco.cl/articulos/005/doc_esp.htm

Introducción a la teoría de Humberto Maturana

EL SENTIDO DE LO HUMANO


Filosofía

El sentido de lo humano
Entrevista realizada a Humberto Maturana
(*)
Por SIMA NISIS DE REZEPKA

Naturaleza, convivencia y sobrevivencia

S.N. -Si sabemos que sin naturaleza no podemos sobrevivir, ¿por qué nuestras conductas no muestran esa conciencia?

H.M. -Porque no lo sabemos como parte de nuestro vivir. Lo que no hemos incorporado a la vida cotidiana no lo sabemos, y si hablamos de ello, hacemos literatura. El saber cotidiano requiere instrumentos de acción, y si no vivimos en nuestro quehacer la presencia del mundo natural como parte de la estética de nuestra mirada o como parte del acto que lo acoge porque vivimos en la pobreza experiencial de una plaza de cemento o una ciudad polucionada, o en la miseria del esfuerzo agotador de ganarse la vida, o en el aburrimiento y pérdida de dignidad porque lo que hacemos no tiene sentido vital o no tenemos un quehacer que lo tenga, no sabemos del mundo natural y este es sólo literatura... y a veces mala literatura, porque no tendremos acciones que lo constituyan.

S.N.-Se dice que la convivencia es difícil, ¿a qué lo atribuye usted?

H.M. -En nuestra cultura patriarcal vivimos centrados en las expectativas y las apariencias. Valoramos una relación por sus consecuencias. Queremos que el otro sea de una cierta manera que satisfaga nuestros deseos. En ese proceso no le permitimos al otro ser sí mismo y le exigimos continuamente la autonegación para satisfacer nuestras aspiraciones. Así no hay armonía posible, no hay respeto por la legitimidad del otro ni confianza en ella. Pero si no confiamos en el otro tampoco confiamos en nosotros mismos, y somos hacia nosotros como hacia el otro: nos exigimos a satisfacer una apariencia y el otro jamás tiene la oportunidad de vernos y menos de aceptarnos en nuestra legitimidad. La confianza es el fundamento de la convivencia social, cualquiera que sea el ámbito y la multidimensionalidad de ella. De hecho, no hay substituto para la confianza en las relaciones humanas, y sin confianza no hay fenómeno social.

S.N. -Si usted no elude que la convivencia es difícil ¿cómo comprender esa red de relaciones que interconecta a los sujetos a la que alude Carl Jung?

H.M. -Carl Jung habla de sincronías para hacer referencia a coincidencias experienciales, a fenómenos coincidentes imprevisibles desde el presente que presumiblemente revelan una conectividad no aparente en la existencia. Lo que ocurre y que explica este fenómeno de sincronía, es lo siguiente: todos los seres vivos somos parte de un proceso integrado de transformaciones de la corteza terrestre, de modo que todos los seres vivos están históricamente interconectados en una red de relaciones que se va transformando en un presente cambiante. Si miramos ese presente cambiante en cada instante, los distintos elementos de ese presente aparecen desconectados, pero si los miramos en su historia, vemos que se encuentran conectados en su origen. Es como si tomásemos un árbol cortando horizontalmente todas las ramas a la misma altura y mirásemos de frente a los tronquitos terminales de las ramas cortadas. Vistos así, cada tronquito es completamente independiente del otro. Pero si podemos bajar por cada tronquito veremos que se juntan de distintas maneras en distintos momentos hasta llegar al tronco fundamental. El presente histórico es siempre así, lo que pasa es que no siempre podemos bajar por los tronquitos de los sucesos o fenómenos que distinguimos, y solamente podemos intentar inventar un relato generativo que los conecte. Si no logramos inventar tal conexión, veremos y viviremos los sucesos como fenómenos totalmente independientes. En estas circunstancias el descubrir en el presente relaciones no aparentes y no visibles desde nuestra construcción histórica, nos sorprende y maravilla. Cuando esto pasa hablamos de sincronías. De modo que las sincronías son congruencias de un presente entre fenómenos que parecen ser inconexos y totalmente independientes, pero que son interdependientes en su origen histórico que no vemos ni podemos imaginar. Los fenómenos que constituyen la sincronía aparecen congruentes y lo son, pero no lo son desde el presente sino que desde su origen, y nos sor- prenden porque no vemos ese origen.

De la confianza a la desconfianza

S.N. -Creo que el hombre, gracias a la biología, está organizado para vivir en armonía, y la armonía sería, a mi modo de ver, también una posibilidad de vivir en el disfrute.

H.M. -Yo diría que la armonía biológica natural es lo que poéticamente connotamos al hablar de la armonía de la existencia en el Reino de Dios. Sin embargo, actual- mente no respetamos este orden natural, porque, inmersos en la cultura patriarcal estamos centrados en la apropiación, en la dominación y en la exigencia que lo viola y lo distorsiona continuamente. Pero cambiar la cultura patriarcal no es una cosa fácil. Más fácil es buscar políticas inspira- doras que lleven a la estabilización de la población. Si eso se logra, mejorará la convivencia pues disminuirán las exigencias y aumentará el respeto por el otro ya que habrá más espacio para las conversaciones de cooperación en la creación responsable de un mundo común, y por lo tanto respetuoso del ámbito natural. «, En la miseria que el exceso de población trae no hay

posibilidad de vivir en la armonía del Reino de Dios.

S.N. -Pero el vacío existencial no siempre es de carácter económico, parece que al ser humano le costará encontrar los espacios de reflexión...

H.M. -El vacío existencial no depende de lo económico porque es de naturaleza espiritual, pertenece a la angustia de la no-pertenencia, al vivir sin sentido relacional en la comunidad humana a que se pertenece. En esta cultura patriarcal hemos aprendido a desear sólo los resultados de nuestras acciones hasta el punto de no ver cómo obtenemos esos resultados ni el contexto humano en que se dan. El vacío existencial surge de la desarmonía en el vivir que eso trae consigo. La armonía del vivir se da en un caminar que no niega el lugar a que se llega. El fin no justifica los medios.

S.N.-Después de todo lo que ha dicho, parece que no es posible vivir con confianza, ¿me equivoco?

H.M. -La posibilidad de vivir en confianza surge de aceptar la propia legitimidad y la legitimidad del mundo en el que se vive que surge de vivir como niño o niña en la aceptación total por la madre. La aceptación total del niño trae la aceptación de sí y del otro que es el fundamento de lo social.

S.N. -Sin embargo, la tendencia humana es justamente a no tener confianza.

H.M. -No, no es una tendencia humana, es producto cultural porque vivimos una cultura que es engañosa, que no está funcionando en la legitimidad del presente, sino que está funcionando en la búsqueda de las apariencias, de la manipulación, del uso del otro, del abuso y de la explotación. En todas estas dimensiones se niega la legitimidad de la confianza, se niega la legitimidad de lo social. y si hay limitación de confianza en la convivencia, se vive en la hipocresía y en la mentira.

S.N. -Entonces, usted cree que es posible la transformación de esta manera de vivir, y volver a un modo de vivir en respeto.

H.M. -Ciertamente. Además pienso que es una transformación que no exige que cambie el ser humano, sino que cambie la cultura, y para ello tienen que cambiar nuestros deseos. No es un ser humano nuevo el que necesitamos, sino un cambio cultural. El cambio cultural pasa por el cambio del emocionar. Yo creo que todos disponemos de los elementos para que esto suceda, ya que estos tienen que ver con nuestra educación en el ámbito "matrístico" de la relación del niño con la madre. Esta es una relación fundada en la confianza recíproca; en las acciones de aceptación del otro como legítimo otro en la convivencia. Lo que tenemos que hacer es recuperar ese modo de vivir como aspecto legítimo de la vida adulta. Personalmente, pienso que la oportunidad para eso está en la democracia. Una vez iniciada la vida democrática se estabiliza con su propia realización. Cada vez que uno respeta al otro, obtiene respeto; cada vez que acepta la legitimidad del otro, obtiene legitimidad. En cambio, si uno empieza a manipular una situación, el otro ve inmediatamente la falta de sinceridad y tiene la experiencia de ser negado. Lo que uno tiene que hacer es vivir la democracia, lo que no es difícil si queremos hacerlo pues todos hemos aprendido a vivir así en nuestra infancia "matrística".

Biología y Educación

S.N. -Usted ha reflexionado respecto de muchos temas entre los que se cuenta uno muy importante para mí: la educación ¿Cómo se encontró usted con la educación?

H.M. -Yo me he encontrado con la educación de muchas maneras. La primera es por haber sido un educando en el sentido escolar, asistiendo a un colegio dispuesto a ser educado y, en mi caso, educado en la aceptación de la convivencia que mi colegio me ofrecía. Por alguna razón u otra, he vivido mi educación como una experiencia maravillosa, me gustó mi vida de niño. Parece que en alguna ocasión nos pidieron en el colegio que hiciésemos una autobiografía. Mi madre me cuenta que la mandaron a llamar porque la mía era rara, pues no me quejaba de la vida, era una autobiografía de un niño feliz. Yo no tengo malos recuerdos del colegio, en verdad casi no tengo recuerdos precisamente por eso. Esa fue mi primera relación con la educación. Mi segunda relación con la educación fue, por supuesto, la historia educacional con mis hijos. Naturalmente, como madre masculina yo fui un agente educador y, claro, pienso que si uno mira hacia atrás, se da cuenta que hay cosas que podría haber hecho de otra manera. Por ejemplo, podría haber inventado más modos de permitirles a ellos ser ellos mismos en mi compañía estando menos inmerso en mi trabajo. Aun así, yo escribí todos mis artículos cuando eran pequeños, con ellos en la falda o en el cuello, contestando sus preguntas sin rechazarlos jamás. En fin, me parece que cualquiera que haya sido esta historia educativa con mis hijos, existe entre nosotros amor recíproco total. De modo que también ese aspecto de mi experiencia en educación ha sido, por lo menos, aceptable. La otra manera en que entré en contacto con la educación tiene que ver con mi actividad docente como profesor universitario. Ahí la cosa es más compleja porque he tenido alumnos que han sido felices, y otros que no lo han sido. Algunos de ellos fueron alumnos de la década del 60, otros fueron posteriores a 1973. Tuve tal vez relaciones más íntimas con algunos alumnos de la década del 60, en particular con dos de ellos: Gabriela Uribe, estudiante de Medicina de esa época y Francisco Varela, estudiante del entonces Instituto de Ciencias. Pero hay otros alumnos que después de 1973 quedaron abandonados porque sus profesores se fueron o tuvieron que irse de la universidad, y que yo recogí. En esa ocasión me apropié de un laboratorio que había quedado desocupado, y que preparé con muebles que saqué de otros que también habían quedado vacíos de profesores. Me hicieron un sumario administrativo por eso. El hecho es que acogí y protegí a estos alumnos, aunque ellos tenían intereses totalmente alejados de los míos, ya que muchos de ellos eran estudiantes de botánica. Así creé para ellos un espacio en el cual todo era posible y en el que ellos podían hacer lo que querían. Su única obligación consistía en conversar conmigo acerca de lo que querían hacer, y la mía era discutir con ellos los fundamentos de sus proyectos y proporcionarles los medios para que los hicieran. Estos jóvenes son ahora distinguidos científicos. Pero también ha habido otros estudiantes para quienes el haber sido alumnos míos no fue cosa fácil. Particularmente algunos estudiantes de neurobiología. Estos alumnos después de haber ido al extranjero, se quejaron de que lo que les enseñé de neurobiología no era coincidente con el pensar neurofisiológico que encontraron afuera. Pero aun ellos descubrieron que lo que yo les enseñé era fundamental y que les permitía una comprensión de lo neurobiológico con mayor amplitud de la que encontraron en el extranjero. Sus quejas me hicieron reflexionar sobre el educar.

En una cuarta circunstancia me encontré con lo educacional a través de Nolfa Ibáñez. Ella se interesó en lo que yo enseñaba en mis seminarios e intentó aplicarlo en el espacio de su práctica como pedagoga diferencial. N o todo lo que ella ha desarrollado tiene que ver necesariamente conmigo, porque su trabajo tiene una larga historia independiente de mí, pero ella puso en práctica con éxito lo que aprendió de mí sobre el lenguaje y la biología del amor, lo que despertó en mí un interés más directo en la educación. Pero hay otra persona que ha ampliado mi interés en lo educacional: se trata de Sima Nisis. Con ella he tenido muchas conversaciones sobre educación, ya través de ella he aprendido mucho. He atendido a preguntas o temas que de otra manera no habría considerado y que me han permitido ver que mi camino reflexivo desde la biología coincide con el suyo desde la educación, por ejemplo al coincidir en la afirmación de que lo fundamental en el fluir del vivir es el emocionar. Por último, he aprendido sobre cómo los niños pequeños adquieren su conciencia corporal, su respeto por sí mismos y por el otro, y cómo generan sus espacios conceptuales y emocionales en su relación de juego con sus madres, gracias a mi encuentro con la Dra. Verden-Zóller de Alemania. En fin, quiero agregar una última reflexión. La historia de mis reflexiones sobre la biología del conocer me ha llevado a entender que el educar es convivir y, por lo tanto, un acceder a convivir en un espacio de aceptación recíproca en el que se transforman el emocionar y el actuar de los que conviven según las conversaciones que constituyan ese convivir. Por último, también he llegado a entender que si el niño o la niña logra crecer como un ser que entra en la vida adulta en dignidad, esto es con respeto por sí mismo y por los otros, será un adulto socialmente responsable.

(*) Extraída del libro El sentido de lo Humano, DOLMEN EDICIONES, 1997.

DEL SER AL HACER

http://www.scribd.com/doc/191912/Maturana-Romesin-Humberto-Porksen-Bernhard-Del-ser-al-
(SELECCIONAR,COPIAR Y PEGAR EN LA BARRA DE DIRECCION.-)

QUIEN ES HUMBERTO MATURANA

http://blog.pucp.edu.pe/item/16911PARTE 1: ¿Quién es Humberto Maturana?

HUMBERTO MATURANA

Humberto Maturana nació en Santiago de Chile el 14 de septiembre de 1928. Estudio educación básica en el Liceo Manuel de Salas. La educación superior la inició en 1948 ingresando a la Facultad de medicina en la Universidad de Chile. En 1954 gracias a una beca de la Fundación Rockefeller se traslado a estudiar al University Collage London en Inglaterra (Porksen 2004: 76). En una segunda oportunidad la Fundación Rockefeller concedió una segunda beca, lo cual le permito a Maturana continuar sus estudios en la Universidad de Harvard. Al final de 1958 recibió el doctorado en biología para lo cual sustento una tesis sobre la anatomía del nervio óptico y del centro visual en el cerebro de la rana (Porksen 2004: 77).
Por invitación de Jerry Lettvin en 1958 llego a trabajar en el Massachussets Institute of Technology (MIT) . En este instituto registro por primera vez la actividad de una célula direccional de un órgano sensorial. A raíz de dicha investigación junto a Lettvin fueron postulados para el premio Nóbel de medicina y fisiología, aunque no obtuvieron finalmente el galardón.
A fines de 1960 decide regresar a Chile. En relación a ello Maturana da algunas razones como : “Chile estaba protegido de la competencia dura del quehacer científico [...] prefiero una forma de existencia independiente que no limite la libertad de pensar” (Porksen 2004: 80).
Se incorpora como ayudante segundo en la cátedra de biología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. El 1965 participo en la fundación de la Facultad de Ciencias en la misma universidad. Fue nombrado docente de esta facultad en la cual empezó a trabajar el tema de la cognición (percepción de colores) utilizando palomas. Descubrió que no era posible establecer una correlación univoca entre un color de cierta longitud de onda y la actividad de las células retínales de las palomas .
En 1968 regresa a Estados Unidos a visitar al biofísico Heinz Von Foerster del Biological Computer Laboratorium (BCL) de la universidad de Illinois. En el congreso organizado por la Wenner Gren Foundatión presenta una síntesis de la comprensión que tenía sobre el sistema nervioso que luego se corrigió y publico como Biology of cognitión.
Al lado de su alumno y colaborador Francisco Varela escriben el libro De Maquinas y seres vivos en 1972 y en 1984 el árbol del conocimiento. En el libro de Maquinas y seres vivos explicitan el concepto clave de la teoría de la biología del conocimiento : La autopoiesis.
En 1999 Humberto Maturana reconoce que cuando Ximena Dávila psicóloga y colaboradora en su quehacer científico le dice:
“ Doctor, he hecho un descubrimiento, el dolor por el que se pide ayuda en el ámbito relacional en nuestro presente cultural, surge siempre de la negación sistemática y recursiva a que nos somete la cultura patriarcal – matriarcal en que vivimos. Vivimos una cultura que esta centrada en las relaciones de autoridad y sometimiento, desconfianza y control que, aun cuando actuemos ubicados en una posición de autoridad, nos niega de manera recursiva y nos empuja a un vivir sin respeto por nosotros mismos que eventualmente nos enferma. [...] al contestar mis preguntas, las personas que la consultaban le mostraban desde su propio actuar y conservar la matriz relacional cultural en que ellas, sin saberlo, se encontraban inmersas, [...] también [...] ellas mismas le mostraban, nuevamente sin saberlo, el entrelazamiento dinámico de la biología del conocer y la biología del amar que constituía la posibilidad de salir de esa trampa cultural” (Porksen 2004: 6).

Fuerón dichas reflexiones según Maturana lo que le permitió comprender que los seres humanos como una clase de seres vivos somos primariamente amorosos. Las citadas reflexiones le condujeron a la creación conceptual de la matriz biológica de la existencia humana y a la conformación del Instituto Matriztico en el año 2001.
En el presente Maturana continua en su quehacer reflexivo en el Instituto Matriztico sobre la arquitectura dinámica de los seres vivos y como consecuencia de cómo el mismo lo afirma : “ tome la postura que el observador empieza a existir recién a partir de la distinción de sí mismo, vale decir cuando hace del dominio de su quehacer cotidiano el punto de partida de sus reflexiones” (Porksen 2004: 14). Agrega además que “Todo lo que es dicho es dicho por un observador” y lo explica asumiendo que no existe método verificable para establecer un nexo entre las propias afirmaciones y una realidad independiente del observador cuya existencia uno a lo mejor da por sentada.

EL ORIGEN DE LA BIOLOGIA DEL AMOR

http://blog.pucp.edu.pe/item/19703EL ORIGEN DE LA BIOLOGÍA DEL AMOR.


Biológicamente el amor es la emoción que constituye el dominio de las acciones en que el otro es aceptado como él o ella en el presente, sin expectativas acerca de las consecuencias de la convivencia aún cuando sea legítimo esperar algunas consecuencias de ella (Maturana 1995).

El amar como emoción que permite el acoplamiento entre sistemas vivos surge del proceso de aceptación . Aceptación de si mismo y aceptación de los demás como legítimos otros en convivencia con uno.

La biología del amor es la dinámica relacional que da origen a lo humano en el devenir de nuestro linaje. Humberto Maturana al reflexionar sobre las condiciones en que son posibles las interacciones recurrentes ( convivencia) se dio cuenta que la emoción que permite el encuentro de dos o más sistemas autopiéticos y su recurrencia interactiva que genera una historia común, es la emoción a la que cotidianamente la denominamos amor. Para Maturana el amor o el amar lo define como “conducta en la que tratamos al otro como un legítimo otro en convivencia con nosotros” (Maturana 1994: 36). En esta emoción, el otro u otra no tiene que disculparse por ser. Uno lo acepta sin exigencias, ya que la exigencia lo niega no permitiendo la recurrencia consensual. Igual pasa con las expectativas, con los debe ser, con lo deseable, atrapan al ser en el hacer enajenado y de esa forma se estabiliza el cambio. El amor , promueve el cambio desde el deseo, desde la preferencia y abre espacios multidimensionalidades a todo lo posible en el hacer.
El amor es una emoción, un modo de convivir, una clase de conductas relacionales entre seres vivos. Como aspecto de la relaización del convivir es un fenómeno biológico. Se lo puede caracterizar haciendo referencia a cuando hay amor: El amor ocurre en el fluir de las conductas relacionales a través de las cuales la otra, el otro, o lo otro, surge como legítimo otro en conviviencia con uno (Maturana 1997: 10).
La metáfora que utiliza Maturana para comprender las emociones y la emoción matriz que denominamos amor es la relación que se establece entre la llave y la cerradura correspondiente. Entre ellas al haber congruencia, en su acoplamiento surge la aceptación, la llave abre la cerradura y eso genera una dinámica interactiva recurrente y creativa. Una llave diferente no podría abrir una determinada cerradura como la anterior y por lo tanto habría rechazo y en este espacio relacional no habría historia de interacciones recurrentes.
El amor como dinámica relacional que permite la colaboración, la solidaridad , hace responsable al que actúa porque el hacer surge desde el querer, desde el desear. Bajo esta condición él o ella acepta lo que vive y convive con el otro u otra en una historia común de interacciones que van surgiendo momento a momento en el fluir del vivir. El amor es una característica de la especie humana. Abre la posibilidad de reflexión y se funda en una forma de percepción que permite visualizar al otro en su legitimidad, haciendo posible al cooperación.
De esta emoción fundamental surgen los valores: respeto honestidad, cooperación, lealtad, generosidad, responsabilidad, justicia, etc como “ distinciones de configuraciones relacionales en la convivencia” (Maturana 1994: 244). Son la expresión de la armonía social. El respeto se da en la aceptación del otro como un legitimo otro en la convivencia. Los valores se viven o se niegan

redsistemica.com.ar

Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

INSTITUTO MATRÍZTICO (1)
Las conversaciones liberadoras en la biología cultural
(*)

Por Humberto Maturana (1) y Ximena Dávila (2)

Publicado en el número especial 94/5

Fragmento

Es posible acceder al entendimiento que generan el entrelazamiento de la biología del conocer y la biología del amar desde el dolor que motiva una solicitud de ayuda, y desde ahí guiar la conversación con quien consulta en un caminar reflexivo, que llamamos espejo dirigido, hacia la aceptación de sí mismo mediante conversaciones liberadoras. Las conversaciones liberadoras para quien consulta, resultan en un salir del dolor y sufrimiento que genera la continua negación del ser que produce el vivir inmersos en la cultura patriarcal-matriarcal que vivimos. De este modo, estas conversaciones tienen consecuencias que un observador distinguiría como terapéuticas porque ponen en movimiento la dinámica reflexiva que libera del dolor y sufrimiento en el vivir cotidiano a través del entendimiento de la dinámica biológica cultural que lo genera. Esta dinámica es la expresión del operar de la Matriz Biológica Cultural de la Existencia Humana.

Esta matriz biológica cultural de la existencia humana hace referencia al mismo tiempo a la condición de origen de lo humano en la biología del amar (matriz=útero) y a la trama relacional (matriz=trama de relaciones) propia del entrejuego de la emoción y la razón que hace al vivir humano en su devenir histórico un vivir que puede adoptar distintas formas culturales que surgen en la realización de su ser, como un ser en su origen ontogénico primariamente amoroso.

Ximena Dávila Yáñez en su trabajo de orientación a través de lo que ella llama Conversaciones Liberadoras del dolor y sufrimiento del que consulta, hace dos cosas fundamentales nuevas:

1º) Muestra que el tema central de las consultas que buscan ayuda en el ámbito del vivir relacional es la negación del ser a que nuestra cultura patriarcal-matriarcal somete a todos sus miembros; 2º) Pone en movimiento la dinámica relacional reflexiva que es la esencia del entrelazamiento de la biología del conocer y la biología del amar, y lo hace de una manera que resulta terapéutica en el uso de lo que ella inventa y llama en este trabajo el espejo dirigido a través de las conversaciones liberadoras.

La noción del espejo dirigido nació a partir de lo que un consultante le dice a Ximena Dávila: "Usted es como un espejo para mí", al constatar que se veía a sí mismo en su emocionar (en el fluir de sus emociones), al mirar su conducta relacional a través de nuestras conversaciones en las que se le mostraba de manera indirecta en cual de los caminos explicativos de su vivir se encontraba él en los distintos momentos según el relato que hacía de su historia. En este tipo de conversaciones no se hace ninguna referencia a la Biología del Conocer. Ella queda revelada como un entendimiento que opera de manera inconsciente en el fluir del conversar reflexivo con el o la consultante. Por ello, una de las consecuencias más importantes de estas conversaciones para la persona que consulta es que se le amplía el entendimiento de su dinámica conductual relacional, en un proceso que lo puede llevar a un cambio emocional.

Y, este entendimiento ampliado, resulta ser una herramienta que la persona se lleva consigo en su operar inconsciente y consciente manteniéndola en una postura reflexiva sobre su emocionar, y permitiéndole entrar en un proceso transformador de su espacio psíquico desde sí, esto es, de su espacio emocional y conductual cotidianos.

La dinámica relacional que llamamos espejo dirigido parece simple de realizar, pero no lo es. No se trata de una técnica sino que de la realización de las conversaciones liberadoras desde la mirada que ve y entiende lo humano en sus dimensiones biológicas y culturales desde el entendimiento de la biología cultural. El valor de este entendimiento, como el valor de toda herramienta está en como se vive. La verdadera dificultad de vivir este entendimiento, sin embargo, está en que vivimos en la cultura patriarcal-matriarcal que, como una trampa psíquica, lo niega porque está centrada en las relaciones de dominación y sometimiento. Por esto, es tarea de las conversaciones liberadoras ampliar éste entendimiento hasta el punto en que el que consulta puede liberarse o salirse de esta trampa desde sí.

Como resultado de lo anterior este trabajo crea una práctica de orientación relacional reflexiva que consiste en conversaciones liberadoras del dolor y sufrimiento cultural porque ocurren en la dinámica de la biología del amar. En esta práctica se pone en movimiento la dinámica propia de la biología cultural en su operar de la matriz biológica cultural de la existencia humana. La realización del espejo dirigido como parte del operar en la matriz biológica cultural de la existencia humana no es una técnica sino que es parte de la dinámica operacional de la matriz que abre y realiza en las conversaciones liberadoras la mirada reflexiva que rompe el apego a la existencia relacional que genera el dolor por el que se solicita ayuda.

Estamos conscientes de que vivimos un presente en el que se habla frecuentemente de amor, pero hasta ahora nadie había mostrado la dinámica operacional que el amar conlleva para el suceder de las conversaciones liberadoras del dolor y el sufrimiento cultural. Ximena Dávila inventa esta dinámica y la realiza.

Cabe sí destacar que estas conversaciones liberadoras en la biología cultural no pueden ser realizadas con responsabilidad y ética, y por lo tanto con seriedad y efectividad, sino se adquiere formación en el entendimiento y conocimiento de sus fundamentos, que es lo que de hecho abre la mirada que hace esas conversaciones posibles. La Biología Cultural no es una teoría más, no es una nueva epistemología aunque si implique una, es una mirada y un entendimiento que revela las condiciones de constitución del observador y el observar, y que connota y revela todo nuestro quehacer como seres humanos. La biología cultural es la condición constitutiva de nuestro ser seres humanos Homo Sapiens Amans. Los seres humanos existimos en la realización de la biología cultural, y es por esto que existimos en el operar de la matriz biológica cultural de la existencia humana (aunque no nos demos cuenta que es así), y podemos crear el mundo que vivimos en nuestro reflexionar sobre nuestro quehacer, soltando nuestras certidumbres en un proceso que resulta liberador del dolor y el sufrimiento cultural. En cierta manera, no es un conocimiento nuevo, pero sin duda es un nuevo entendimiento y la evocación de la acción que lo realiza.

Los seres humanos somos en el fundamento de nuestro ser biológico, seres amorosos, y el serlo es la fuente de nuestra posibilidad de recuperar la alegría y el bien-estar en el vivir humano. Ya se ha hablado de cultura matrística para hacer referencia a una cultura fundada en el amar desde nuestro origen cultural amoroso anterior a la cultura patriarcal-matriarcal, en el intento de que se entienda que no es lo masculino o lo femenino lo que está en juego, sino que una relación cultural. Pero la expresión matrístico (con ese) no lo hace porque retiene la conexión con lo materno femenino. La expresión matríztico (con zeta) sí lo hace, porque se refiere a matriz en su doble significado de contenedor nutriente y trama relacional propia de la dinámica de convivencia que nos da origen en el surgimiento de la familia ancestral hace más de tres millones de años atrás. De modo que Ximena Dávila Yánez, al hablar de Orientación Matríztica, hace también algo básicamente nuevo, connota que el efecto liberador de las conversaciones liberadoras se haya en que devuelven al ser que pide ayuda la posibilidad de basar su emocionarse y su entendimiento en los fundamentos mismos de su ser humano.

Una dimensión fundamental del hacer en este entendimiento es que a través de su dinámica en un presente cambiante se reconocen todas y cada una de las personas que han sido parte de la experiencia de vida de quien las realiza. Personas que han formado parte tanto de la historia como de este presente cambiante. Y se hace ello desde una experiencia de vida cuyo curso es impulsado por la reflexión desde el dolor cultural patriarcal-matriarcal que uno mismo realiza, lo que permite darse cuenta que en todo el vivir y convivir nos hemos movido impulsados por la biología del amar y el respeto por nosotros mismos. Este impulso amoroso que nos mueve en nuestro vivir y convivir a buscar respuestas a los dolores existenciales, permite que surja un modo de relacionarse donde se han conjugado la alegría de la libertad y el dolor de la soledad, invitando al mismo tiempo a no caer en el círculo interminable del sufrimiento cultural patriarcal-matriarcal.

Es desde el amar que cualquier ser humano tiene la posibilidad de salir del dolor cultural patriarcal-matriarcal que pueda estar viviendo. Amar que se manifiesta desde el momento en que venimos al mundo (y venimos a este mundo causando un dolor físico a otro: nuestras madres). Si somos acogidos en el amar, llegamos a un mundo "calentito" que prolonga nuestro útero materno. Y esta llegada rodeada de amar disipa en nuestras madres ese dolor físico del parto al cual toda mujer está naturalmente preparada y nos da la base amorosa y de confianza que permite que nos podamos mover en el convivir en esta cultura patriarcal-matriarcal desde la biología del amar.

Una base amorosa que puede abrir la posibilidad de crecer en la confianza de un amar que resiste cualquier transacción o traición. Y, por ello, será en este espacio psíquico que nos transformaremos en persona-adulta y será desde este fundamento que surja este quehacer liberador.

Sabemos que un ser humano emerge como una persona adulta cuando en su conducta cotidiana surge espontáneamente como un ser autónomo y ético, capaz de colaborar desde el respeto por sí mismo y por los otros, pues no tiene miedo a desaparecer en la colaboración. Y sabemos que es la convivencia en la aceptación de la cercanía e intimidad corporal en total confianza y ternura que ocurren en la relación amorosa materno infantil y en el juego, lo que constituye el ámbito relacional natural que genera en el curso del crecimiento de los niños su transformación espontánea en personas autónomas, responsables y éticas, que no sienten miedo a desaparecer al colaborar con otros en la co-creación de un mundo válido y acogedor para todos los seres humanos, en particular, y todos seres vivos, en general.

También sabemos que la tragedia de las adicciones, de la criminalidad, y de la falta de sentido social, que surge con tanto dolor en nuestro vivir cultural actual, proviene de que nos hemos vuelto ciegos a cuatro aspectos básicos de nuestro vivir que son: uno, que el vivir humano emerge como todo vivir de un modo inconsciente desde un fondo operacional inconsciente, aun cuando en nosotros participen en su generación y evocación nuestro pensar y reflexionar racional; dos, que lo que en la vida cotidiana llamamos valores, son abstracciones de nuestro operar como seres amorosos; tres, que como seres amorosos nos enfermamos si negamos la biología del amar; y cuatro, que lo central o más básico de la formación del vivir humano en general, y del vivir humano adulto en particular, se constituye en el fluir relacional inconsciente del convivir materno infantil.

Cuando ese vivir relacional adulto en el respeto por sí mismo y por los otros desde la autonomía y libertad reflexiva que el respeto por sí mismo hace posible no surge de un modo inconsciente desde una historia materno / infantil amorosa porque ese vivir ha sido negado, sólo puede surgir desde un convivir amoroso semejante con otro adulto que viva con esa persona en un convivir reflexivo que realice en ese convivir el ámbito de respeto por sí mismo, confianza y libertad reflexiva que hace el amar.

Así, la potencia liberadora o sanadora de las conversaciones liberadoras radica en que éstas operan en quien consulta a través de la realización del entendimiento de lo humano (esto es, de sí mismo) que la biología cultural implica. Una biología cultural que guía el curso de nuestro vivir y que nos permite, si entramos en una deriva patriarcal/matriarcal, salir de ella recuperando el respeto por nosotros mismos y por los demás como el eje articulador de nuestro hacer cotidiano, conservando la biología del amar como la dinámica relacional que guía nuestro vivir. Y es importante ver que el amar ocurre en el vivir relacional como un fluir conductual espontáneo a través del cual el otro o la otra o uno mismo, surge como legítimo otro en convivencia con uno, y no en un discurso sobre lo que el amar implica, ni en la descripción de lo que se debería hacer para que el otro o la otra se sienta amado. Es así como estas conversaciones liberadoras revelan en el ámbito operacional de la consulta que solicita ayuda, la validez de la afirmación de que "La mayoría de las enfermedades humanas si no todas, se originan en el desamar, y se curan cuando se recupera el amar, tanto en el amarse a sí mismo, como en el amar a los otros". Y para hacerlo, lo hace, como Ximena Dávila muestra, modulando la fisiología del bien-estar que el amar hace en su operar en el ámbito relacional reflexivo.

* N. de R.: Aclaramos al lector que los autores del artículo, el Dr. Maturana y la Dra. Dávila, escribieron este artículo en un estilo en el cual aluden a sí mismos por su nombre y apellido, o sea en tercera persona.

1 Humberto Maturana Romesín: Co-fundador, del Instituto de Formación Matríztica. Doctor en Biología de la Universidad de Harvard, Premio Nacional de Ciencias en 1994 y Creador de la noción de Autopoiesis. Es autor entre otras obras de "Neurophysiology of Cognition", "Biology of Language", "Ontología del conversar", "De la Biología a la Psicología", "Objetividad un argumento para obligar" y "Del Ser al Hacer ". Actualmente trabaja junto con Ximena Dávila en el desarrollo de la dinámica de la Matriz Biológica y Cultural de la Existencia Humana. El profesor Maturana ha creado desde su estudio de la percepción el campo de la comprensión ontológica del fenómeno del conocer, como un fenómeno biológico que denominamos biología del conocer y ha explorado los orígenes de lo humano a través de la biología del amar. Actualmente realiza su quehacer desde el entendimiento de la dinámica operacional que entrelaza la biología del conocer y la biología del amar que ha surgido en colaboración con Ximena Dávila Yáñez como un ámbito reflexivo operacional y que llaman Matriz Biológica y Cultural de la Existencia Humana.

2 Ximena Dávila Yánez: Co-fundadora, del Instituto de Formación Matríztica. Creadora de la visión de la dinámica que entrelaza la Biología del Conocer y Biología del Amar, y luego con Humberto Maturana Romesín de la síntesis del entendimiento de lo humano que en conjunto llaman Matriz Biológica y Cultural de la Existencia Humana, como expansión de la biología del conocer y del amar. Esta visión es también el fundamento de nuestra mirada a las organizaciones como componentes de la biosfera que actualmente habitamos.

La profesora Dávila estudió Orientación en Relaciones Humanas y Familia con mención en Relaciones Laborales en el IPCC. Desde su quehacer profesional ha creado el campo de la comprensión del dolor y sufrimiento relacional como fenómenos humanos cuyo origen es cultural. De la misma manera ha contribuido a profundizar el entendimiento de los fundamentos biológico-culturales de lo humano a través de la práctica del conversar liberador. Es co-autora junto al Dr. Humberto Maturana, de "El Tao o el Camino del Amar", y del "Árbol del Vivir, Fundamentos Biológicos y Culturales de lo Humano" en prensa. Además es co-autora junto al mismo Humberto Maturana y a Cristóbal Gaggero de Entendimiento Matríztico Organizacional EMO Una mirada Humana a las Organizaciones desde la Matriz Biológica y Cultural de la Existencia Humana en prensa.

(Lea el texto completo en Perspectivas Sistémicas Nº 94/95 en kioscos y librerías o comuníquese al Te: (5411) 4831- 0400 o escribanos a: info@redsistemica.com.ar )

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